Sacar su cámara y voltearla hacia el universo es una de sus grandes aficiones. Nada tienen que ver las imágenes que consigue con su objetivo con las de su trabajo. Las del observatorio se basan en la espectroscopia, utilizada para captar la radiación de los cuerpos celestes. Ayuda a conocer la composición química o el movimiento de los astros y es sumamente útil para la investigación científica. "Los espectros suelen acompañar a los artículos científicos. Eso sí, no son muy poéticas, pero es cómo se hace la ciencia. Los astrónomos no buscan fotos bonitas", añade el ingeniero francés.
Por su parte, la astrofotografía sí que dispara al cielo en búsqueda de belleza. Quiere mostrar los cuadros que puede llegar a formar el universo. Y Guisard, a pesar de trabajar con espectros, se "queda con lo bello".
Por su objetivo han pasado la Vía Láctea, Orión, la Gran Nube de Magallanes, la Galaxia del Sombrero o la Nebulosa del Águila, entre otras. La luz y los colores inundan sus fotografías. Una obra tras la que hay horas y horas de dedicación. Tanto para la toma como para la posterior recomposición. "Las fotos del cielo profundo, es decir de cuerpos lejanos, necesitan mucho tiempo de exposición. El mínimo son 30 segundos, pero puedes estar varias horas. Hay imágenes que necesitan 10 horas y se hacen durante varias noches".